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No pueden faltar los anillos, ni el ramo, ni las arras, ni la calculadora. El matrimonio, definitivamente, ha entrado en crisis. En este caso, sin embargo, el término no remite a la falta de compromiso entre los cónyuges, ni tan siquiera a la generalización del divorcio. La depresión que atraviesa la economía global salpica también a los altares, si bien en este caso los mayores afectados no son los novios sino los empresarios especializados en el sector. Atrás queda la consigna del 'un día es un día', que ha ido dejando paso a una planificación en la que prima, ante todo, ajustar el presupuesto.
Deli Fion, dueña de la tienda de vestidos de boda 'Katya Novias', asegura que sus clientas «cada vez se fijan más en los precios». Una actitud que en otro ámbito sonaría como algo habitual, pero que hasta ahora no lo era tanto en la adquisición de una pieza central de la ceremonia y que adquiere gran importancia para muchas novias. «Antes, si el vestido les gustaba, les gustaba y punto. Pero ahora tratan de ajustarse más a una determinada situación económica». Aunque asegura que no le gustaría generalizar, Deli Fion señala que «sí se nota mucho, en el último año, que un tipo de clientela cada vez busca cosas más baratas. Dicen que, para un vestido que sólo se van a poner un día, prefieren algo más económico». El mismo efecto, asegura, se repite en los trajes que compran las madrinas.
También complementos como el maquillaje sufren de igual forma los efectos de este ajuste presupuestario. Rocío Zas, responsable de una empresa de «maquillaje y cuidados de la novia» explica que, si bien las clases gratuitas que ofrece sobre cómo arreglarse para la cita mantienen una asistencia similar a la de otros años, «a la hora de comprar los productos se echan para atrás».
Al margen de la indumentaria y complementos de los novios, la rigidez de los gastos se extiende también a las atenciones y obsequios que ofrecen durante la celebración a sus invitados. Conchi González, propietaria de un negocio dedicado a la venta de detalles de boda, 'Mara', explica que «si antes podían llegar a dar tres, ahora dan uno. Además miran mucho los precios». También aumenta la competencia, que permite a los novios optar por soluciones más baratas. «Además de la crisis, noto mucho a los chinos», se lamenta en referencia a la proliferación de empresas de distribución chinas.
En lo que respecta al banquete de bodas, Kiko Aguiar, copropietario del Savannah, señala que si bien este año aún no aprecian los efectos de la crisis, «sí se nota en las reservas para 2009. A estas alturas solemos tener casi cuarenta reservas, y apenas tenemos veinte». También se ha reducido el número de invitados para esos dispendios: «antes hablar de una boda grande eran 150 invitados. Ahora una de 80 ya es grande».
Fuente: El Comercio Digital
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